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Fue en el año 2009, cuando Eugenia y Mauro, dos emprendedores de Mendiolaza abrieron por primera vez las puertas de Grido la primer franquicia en desembarcar en El Talar de Mendiolaza. Hablamos con ellos sobre sus comienzos casuales, algo accidentados y la visión a futuro del proyecto.

Cuando miran hacia atrás para buscar el momento en el que decidieron  proyectar un futuro comercial en este barrio, Eugenia y Mauro tienen clarísima la postal del día en que todo comenzó. Como tantos otros vecinos que terminaron viviendo en Mendiolaza, el matrimonio vino un fin de semana a visitar a familiares que vivían muy cerca de dónde hoy esta la sucursal de Grido, sobre la avenida Tissera al 3155. “Salimos de una reunión familiar y doblamos por la Tissera, que era de tierra, para salir a la ruta E-53 y vimos los dos locales que hoy alquilamos, sólo estaban los locales y el resto a su alrededor se veía todo monte . Fue inmediata la imágen que tuvimos de que acá había que poner una heladería, el barrio nos invitaba a poner una heladería, había muchas familias con chicos chiquitos, muy similar a la actualidad pero con menos casas. Fue algo increíble la imagen que presentí. En ese momento yo ya trabajaba para Lucas Santiago –propietario de Grido- así que a los pocos días cuando lo vi, le comenté esto. En El Talar tiene que haber una Grido le dije”, recuerda Eugenia.

Mauro y Eugenia ya tenían asignada una sucursal del la heladería pero en otra parte de la provincia, sin embargo se enamoraron de Mendiolaza e insistieron con la idea de instalarse acá, así que fueron a reunirse con los propietarios de la franquicia con la idea de cambiar su destino comercial. “En la primer reunión que tuvimos con los ejecutivos, nos dieron una planilla para que tildáramos los servicios que había en el lugar que proponíamos. En ese entonces en El Talar, no había asfalto, agua corriente, gas natural ni escuela, las dos primeras eran condiciones necesarias para instalar una franquicia Grido. Nos dijeron que la idea era inviable. No había nada a favor”, explica Mauro. Sin embargo la pareja seguía confiando en su mirada a futuro del lugar e insistieron. Eugenia recuerda: “En ese momento no existía la posibilidad de sacar fotos y mandarlas por whatsapp, así que vine con una cámara de rollo, saqué muchas fotos, las revelé, las encarpeté y se las llevé para que vieran el lugar en donde queríamos poner la heladería”, se rie y recuerda Eugenia

«Cuando el propietario de la franquicia vió las fotos, los llamó y vinieron a conocer el lugar y todo cerró, pero nos anticipó que sería duro que veían al lugar con mucho futuro pero que aún le faltaba despegar. Así que asumimos el riesgo con un gran compromiso. Si no hubiera sido por esa visita, no estaríamos acá, desde la franquicia apostaron por nuestra propuesta en un lugar donde en ese momento nunca se hubiese instalado Grido”, dice Mauro.

Finalmente en diciembre del 2009 comenzaron a instalar la franquicia. “Al local lo equiparon rapidísimo, solo teníamos que enchufar los freezers y esperar la mercadería… pero ese 12 de diciembre hubo una tormenta muy grande en Sierras Chicas de la que quizá muchos se acuerden, porque quedamos anegados. La ruta E-53 se había convertido en un río, la cortaron porque estaba llena de agua y muchos vecinos se quedaron varados sin poder volver a sus casas, entre ellos Eugenia con la mercadería para poner dentro de los freezers, para colmo se cortó la luz y a mi me agarró una desesperación de no saber qué hacer si eso se repetía. Fue un comienzo muy accidentado, pero acá estamos”, cuenta Mauro y agrega que a los pocos días de abrir  los vecinos que pasaban se alegraban tanto de ver que por fin en el barrio habría una heladería… “aún estábamos poniendo los mostradores y la gente se asomaba por la puerta para preguntarnos si ya teníamos algún helado para vender”.

De aquellos primeros clientes, no se olvidan más del primero en entrar a comprar “Todavía es un gran cliente, es Gabriel Roma, vive muy cerca del local, le tenemos muchísimo cariño así que para cada fecha especial lo agasajamos«… de todos esos primero clientes Eugenia no se saca la imagen de la cara de los primeros niños en entrar a comprar un helado. “El helado es alegría, es felicidad, a qué niño no le gusta tomarse un helado y aún hoy muchos de esos niños vienen a comprar helado, algunos que venían de la mano de sus mamás hoy vienen con sus novias”

De algo que tampoco se olvidan es que apenas abrieron sus puertas, la Tissera no era la avenida asfaltada que es hoy, sino un gran camino de tierra y piedras por donde además de circular autos pasaban casi cada 40 minutos los camiones cisterna que llevaban agua a los domicilios del Talar, ya que aún no había agua corriente en el barrio. “Me acuerdo que sacábamos las mesas afuera y las familias enteras venían a sentarse con sus helados en la mano, de pronto pasaba el camión del agua y se levantaba una nube de tierra enorme, salíamos rápido a limpiar de nuevo las mesas y la gente nos decía que no nos preocupáramos que estaban acostumbrados a la tierra”, recuerda Eugenia.

Sin embargo al poco tiempo, la historia comercial del barrio comenzaría a cambiar, porque daba inicio la obra del asfalto de la Tissera que llevó casi un año de ejecución y que mantuvo en vilo a los comerciantes que por aquel entonces se vieron afectados por el transcurrir de los trabajos.  “Un día estábamos en el local y vimos gente de traje y en autos importantes estacionarse en la que hoy es la Plaza de la Memoria. Me acerqué para ver de que se trataba y así fue como me enteré que estaban por asfaltar la Tissera, la mayoría de los comerciantes no sabíamos nada. Fue un año durísimo para todos. Tuvimos una mala experiencia con la demora de la obra, nunca se nos dijo como seria y nos enterábamos de los avances por los empleados que trabajaban en ella. Cuando nos enteramos que el corte era de punta a punta de la avenida casi nos morimos. Hasta que tuvimos una reunión con el Intendente porque la situación era muy preocupante, los vecinos hacían sus compras en Córdoba porque no se podía transitar en el barrio, la avenida estaba cortada de punta a punta y encima las máquinas quedaban estacionadas en e medio de la calle hasta el día siguiente o durante los fines de semana. Logramos que el municipio les prestara un terreno para guardar las máquinas y así liberar la calle al menos cuando no estaban trabajando. Fue un momento muy crítico”.

¿Cómo ven el panorama actual, con esta pandemia que ha obligado a muchos comercios a modificar su modalidad de trabajo?

Mauro: “Creo que ahora los comerciantes tenemos cierta ventaja, porque se ve mucha gente consumiendo en el barrio. Muchos vecinos que quizá los fines de semana se iban a visitar a sus familiares a Córdoba hoy se quedan acá, consumen más en el barrio y han experimentado servicios que quizá antes no lo hacían. Aunque hay que tener en cuenta que aún hay rubros que todavía no pueden abrir sus puertas, como los gimnasios o los jardines maternales por ejemplo”.

Eugenia: “Se siente el avance, quienes han invertido comercialmente en el barrio siguen funcionando”.

¿Y cómo les ha cambiado la vida venir a vivir a Mendiolaza?

Euge: “La familia que tenemos formada hoy es otra distinta a la familia con la que llegamos. Hoy tenemos un hijo más y una nieta! Cuando llegamos al principio costó el cambio, pero hoy creo que ninguno de nosotros se iría de acá».

Mauro: “Hemos hecho muchísimos amigos en el barrio y otros tantos clientes con los que nos llevamos muy bien. Nuestros horarios de trabajo son intensos sobre todo los fines de semana, entonces muchas veces que hemos tenido reuniones cenas o almuerzos, antes de la pandemia, nuestros amigos o vecinos nos han esperado que cerremos el local para comer con nosotros. Fue un cambio muy positivo el de venir a vivir a Mendiolaza”

¿Qué es lo mas lindo de ser emprendedores donde vivís?

Euge: “La comunicación con los vecinos, el día a día, nos reímos mucho porque en lo personal tengo un problema con los nombres y no me los acuerdo, pero las caras las tengo presentes siempre… lo mas lindo es cuando vamos por la calle y nos saludan. Incluso esos niños que hoy ya son adolescentes y que han crecido con el local. Hay una conexión.  Nos dicen Don Grido y Doña Grido, como te decía…el helado lleva felicidad yo creo que nos ven y se imaginan que somos un palito bombón”.

¿Y lo más ingrato?

Eugenia: “No se si llamarlo ingrato, pero se trata de un esfuerzo que hay que hacer y que aún hacemos. Durante los primeros años de la heladería, no podíamos compartir una cena familiar, teníamos que estar en el local. Hoy podemos acomodarnos gracias a que contamos con empelados en quienes confiar y a quienes la franquicia también capacita. Pertenecer a una franquicia tiene muchas ventajas las capacitaciones por ejemplo… algunos chicos o chicas que trabajaron acá hoy tienen sus negocios propios y vemos como aplican lo aprendido en sus propios emprendimientos, es maravilloso. Volviendo al trabajo de los fines de semana, podríamos no estar, porque como te decía antes tenemos buenos empleados en quienes delegar pero nos gusta estar para el cliente. El problema de algunos comercios que no funcionan es que mucha gente arma el negocio para vender. Los negocios llevan un proceso en el que tenés que estar, al menos en nuestro caso fueron cuatro años de presencia constante para garantizar calidad y atención. Otra cosa que hay que tener en cuenta es la horizontalidad entre el empleado y el propietario. Acá somos todos iguales, trabajamos uno al lado de otro”.

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