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Néstor González o Malambo como lo conoce la mayoría de los vecinos y vecinas de Mendiolaza, obtuvo el Primer Premio en la categoría Recitado Gauchesco del Festival Nacional de Malambo en Laborde, Córdoba. Hablamos con él, no sólo de este reconocimiento que él asegura le llega en un momento muy especial de su vida, sino también de su trayector como difusor del sentimiento folclórico de nuestro país y de cómo encontró en Mendiolaza su lugar en el mundo.

Malambo llega al encuentro de esta entrevista con su premio en la mano, una hermosa escultura de madera y plata que brilla como su sonrisa. “Son pocos los vecinos que saben que me llamo Néstor”, cuenta entre risas y recuerda el día en que recibió su apodo, casi a modo de bautismo… “Estábamos en una peña y yo había hecho un malambo, alguien que no sabía mi nombre y quiso llamarme me apodo así. Desde ese día todos, o la gran mayoría de los vecinos, me conoces por Malambo.”

Sin embargo, eso es más bien historia reciente, lo que pocos conocen es que allá en la provincia de Santa Fe de donde Néstor es oriundo, en Santo Tomé y a los 11 años, era el alumno encargado de participar en todo acto de la escuela. Y lo hacía recitando versos o leyendo poesías. “Estaba en sexto grado y recité un poema de Héctor Gagliardi, un recitador y letrista de la época. La directora de la escuela… me acuerdo se llamaba Dorita, me retiraba del aula y me llevaba a la dirección donde en uno de esos viejos sillones de totora me enseñó a recitar, a interpretar a ponerle sentimiento a lo que decía. Más tarde en un certamen de recitadores en Santa Fé, me preparó un director de teatro que me indicó que agregara expresiones, movimientos, matices… así empecé a leer, interpretar, entender y expresar lo que dice el poema.”

Hoy Malambo, además de recitar, escribe sus propias poesías y recitados. Así fue que gracias a su poema De dónde vengo, fue reconocido por el jurado del Festival de Malambo en Laborde con el primer premio dentro del rubro Recitado Gauchesco.  Sin embargo ésta era la segunda vez que González se presentaba con ese mismo poema en el certamen, según cuenta: “El criterio de los jurados de las edición anterior no lo vieron como ganador, hasta este año… insistí porque creía en esta propuesta”. Y agrega un detalle no menor; Malambo no tenía guitarrista que lo acompañara en su recitado, cuando sucede así, el certamen pone el guitarrista. Sin conocer al músico que lo acompañaría, le mandó la letra por whatsapp en una y al llegar al certamen, simplemente se presentó ante el guitarrista. “Pablo Moreira se llama, es dueño de una sensibilidad espectacular y al igual que yo, es profesor de folclore. Me mostró que sugería él como acompañamiento al tema y no hubo nada más que hablar, encajaba todo perfecto. Así que solo nos quedó ensayar un par de veces antes de salir al escenario a participar”.

¿Cómo viviste ese instante previo a salir al escenario?

“Es muy emocionante, no me acostumbro nunca. Cuando era chico les decía a mis viejos que un día iba a estar en el Festival Nacional del Folclore en Cosquín y que ellos me iban a estar mirando desde la primera fila de butacas… por el año 1991 con apenas 22 años, tuve la oportunidad de participar del festival en el rubro Recitado con la delegación de Santa Fé, me tocó salir a actuar después que Horacio Guaraní, ¡me temblaban las rodillas!… enfrenté ese escenario y a ese público y miré a la primera fila y estaban mis padres, fue una emoción inmensa. Hoy, que no tengo a mi viejo, me pasó que al subir al escenario en Laborde, ese instante previo a que nos den luz de escenario, miré al cielo y le dedique el recitado a él”.

¿Estabas confiado en que tu poesía y tu interpretación eran las ganadoras?

“Tenía la certeza de que ese premio sería mío. Tenía una corazonada muy profunda de eso, sentía mucha tranquilidad.”

¿Cómo continúa tu labor después de este premio? ¿Qué desafíos tenés?

“Actué en Salsipuedes, en El Manzano y ahora en febrero con el grupo de folclore actuamos en el Festival del Arroyo Serrano. Creo que es momento de mover un poco lo que escribo, tengo mucho material y me gustaría empezar a buscar, abrir caminos y golpear puertas para editar un libro”.

¿Cuáles son tus referentes?

“Escucho mucho las poesías de Luis Landiscina, creo que de él aprendí. Es un gran maestro para mí. En cuanto a mi formación, no la tengo, lo mío es muy simple… cuento lo que siento, en poesía, en rima, en décimas. No me gusta leer libros, eso me da bronca que no me guste… pero sí leo letras de canciones o poemas. El libro que leí dos veces es el Martín Fierro, de ahí tomo un poco mi forma de escribir. También me gusta escuchar mucho a los payadores”.

La poesía criolla tiene mucho de mensaje, de enseñanza, ¿lo sentís así en tu caso?

“Este premio no lo gane yo, sino el contenido de De donde soy, me gusta dejar un mensaje con el recitado y también en la danza. Es algo de lo que hablo mucho, con las agrupaciones gauchas, con los criollos de a caballo, con los bailarines, los recitadores y los alumnos de folclore… cuando hacemos algo frente al público estamos haciendo docencia, en mis letras se refleja eso, hablando de diferentes momentos sociales. Creo que efectivamente la labor de los folcloristas es compartir enseñanzas, de lo actual y de lo pasado a través del arte del folclore”.

¿Qué pensas de la implementación de la nueva ley de enseñanza de folclore en las escuelas?

“Me parece fabuloso, una de las cosas que estamos perdiendo de a poco los argentinos, es el amor por las tradiciones, los símbolos patrios. Muchas veces se habla de nuestros ancestros y se remontan tanto tan atrás en el tiempo que nos olvidamos de nuestros criollos, nuestros padres abuelos, son los que sin ningún interés se jugaron el cuero arriba del caballo, como nuestros chicos en la Guerra de Malvinas. Me duele porque a muchos se les hincha el pecho en un partido de fútbol de la selección nacional pero si a muchos de ellos les preguntas qué se celebra el 9 Julio, entran en duda si fue la Revolución o la Independencia, pero tienen muy en claro qué día es el de la independencia de los Estados Unidos. Es necesario divulgar las raíces y quien las muestra en un escenario hace docencia”.

Te escuchamos decir que El Talar es tu lugar en el mundo…

“Yo elegí Mendiolaza hace 21 años. Un día vine a visitar a unos amigos que vivían acá hace mucho tiempo y pensé que estaban locos a dónde se habían venido a vivir… sin movilidad era imposible estar en medio de lo que era este campo… Un día me dieron un folleto de los remates que se hacían de lotes, acá en El Talar y con quien hoy es mi esposa vinimos, mi suegro nos ayudó a comprar un terreno… siempre me río porque con quienes compulsábamos por un terreno, muchos hoy son mis vecinos… mi suegro nos ayudó muchísimo. Cuando compramos el lote, fué comprar un terreno a ciegas sin saber mucho de su ubicación precisa, así que una vez que me dieron los planos y la ubicación, fuimos y nos paramos frente al lote… En ese momento me dije que éste era y es mi lugar en el mundo, de acá me sacan con las patas para arriba, como dicen los viejos… nuestro terreno tiene una pequeña pendiente y en ese momento tenía un solo árbol, un quebracho blanco. Debajo de él armaba la carpa mientras hacíamos los cimientos de nuestra casa, él me salvó varios frutales una noche de invierno que cayó una helada negra, como le llaman en el campo a las heladas fuertes, con el tiempo ese quebracho se murió. Hoy mi casa tiene varios frutales, un algarrobo que planté, un fresno que mi hijo hizo de semilla cuando iba a la escuela y árboles en la vereda. Sin dudas que es mi lugar en el mundo”.

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