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El pasado 30 de Agosto fue lanzado al espacio el satélite argentino SAOCOM 1B, desarrollado y fabricado en nuestro país, por la CONAE junto con las empresas argentinas INVAP, VENG, la Comisión Nacional de Energía Atómica y el Laboratorio GEMA de la Universidad Nacional de La Plata entre otras 80 empresas de tecnología e instituciones del sistema científico tecnológico del país y además, contó con la colaboración de la Agencia Espacial Italiana (ASI). El Club de Ciencias que funciona desde El Talar de Mendiolaza, en el Centro Cultural Sayana y bajo el impulso y la coordinación del profesor Guillermo Villavicencio ha tenido el inmenso aporte en este hecho histórico para la ciencia y la tecnología de nuestro país. Y es que, desde hace un tiempo, al profe se le ocurrió la idea de proponer a los chicos y las chicas del club la idea de hacer sus propios cohetes, utilizando para su construcción botellas recicladas, cintas, sogas, agua, fuera y aire. Cuando el proyecto comenzó hace dos años, no se tenía en mente que esta experiencia podría llegar tan lejos. Lejos en distancia geográfica y lejos como para alcanzar la emoción de nuestros científicos y técnicos argentinos que, desde la Florida, trabajaron en el lanzamiento del SAOCOM 1B.

Al respecto, el profesor Villavicencio, explica: “Todo comenzó en el año 2017, cuando desde el Club de Ciencias, planteamos una idea que tenía desde hacía rato: fabricar nuestros propios cohetes. La propuesta a los chicos y chicas les encantó. Así que, utilizando botellas recicladas, cintas, sogas, agua y aire logramos construir nuestros cohetes. El lanzamiento colectivo lo realizamos desde la Plaza de la Memoria. Fue una jornada hermosa en la que fuimos con las familias, vecinos, amigos de los chicos que lanzaban sus creaciones. Al año siguiente, notamos que se sumaron muchos de esos chicos y chicas que habían ido a ver a sus amigos lanzar sus cohetes. Iniciamos con esta experiencia sin tener idea de que este año veríamos nuestro proyecto llegar tan lejos”, explica y agrega que este proyecto fue tomado y replicado por otros clubes de ciencias del país.

Cuando Guillermo cuenta que este proyecto llegó “lejos” es porque así fue… pero para contar la experiencia, hay que conocer detenidamente el camino andado. “Todo nace por un profe organizador de la Red de Clubes de Ciencia de Argentina, se llama Alberto Fernández. Alberto conocía a una persona en la CONAE y me comentó de la posibilidad de mandar nuestro testimonio para homenajear a la misión espacial argentina que estuvo a cargo del lanzamiento del Satélite Argentino SAOCOM 1B desde Estados Unidos en el centro espacial”.

“Lo que se nos proponía era que hiciéramos nuestro lanzamiento, como el de ellos y enviándoles un mensaje de aliento ya que la misión venía complejizándose. Desde el Club de Ciencias, no nos estamos reuniendo, así que con los chicos y chicas que pudimos armamos nuestros cohetes y citamos para despegarlos en la nueva desde Sayana -Tissera esquina Lavanda, barrio El Talar-. Ese, mantuvimos muy en cuenta el protocolo de distanciamiento y las medidas de bioseguridad y con mucha emoción vimos llegar a nuestros chicos y chicas que aún conservaban sus primeros cohetes fabricados años anteriores. Fue hermoso. Pudimos hacer cuatro o cinco lanzamientos, sacamos fotos, grabamos un video y un mensaje muy especial para los técnicos que estaban trabajando desde hace mucho tiempo lejos de sus familias y con la presión que debe significar lanzar un satélite al espacio. La experiencia fue magnífica.”

“Cuando nuestro material llegó, era la semana del lanzamiento. Y cuando el mensaje de Whatsapp entró al celular de quien tenía que recibirlo, en ese momento finalizaba una reunión en Florida en la que se resolvía postergar un mes más el lanzamiento. O sea que el ánimo del equipo era muy bajo, insisto en que esta gente está desde hace mucho tiempo lejos de sus familias, en un contexto de pandemia y con la inmensa responsabilidad de poner en el espacio un satélite de bandera nacional. Nuestro mensaje decía que, para nosotros, grandes y chicos, amantes de la ciencia y la tecnología ellos eran nuestra selección nacional, y que estaban haciendo lo que nosotros quisiéramos hacer algún día. Les dijimos que va a estar todo bien y que, si algo sale mal, estamos seguros de que le iban a encontrar una solución. Ese mensaje llegó justo es el momento que se demoraba la salida. Quienes estaban allá, nos escribieron, nos contaron que el clima era angustiante a raíz de esta demora que habían tenido. Y que al ver y escuchar nuestro mensaje les llegaron nuestras fuerzas para seguir”.

Ese video y esos audios de un pequeño grupo de chicos y chicas de Mendiolaza llegaron lejos, hasta la Florida y hasta lo profundo del ánimo de nuestros científicos y científicas que desde Estados Unidos finalmente concretaron el lanzamiento del SAOCOM 1B. Para los y las integrantes del Club de Ciencias de Sayana fue una experiencia única, la de estar tan codo a codo con quienes hoy sin dudas son la selección nacional de la ciencia y la tecnología.

Cómo nace el Club de Ciencias de Sayana

Guillermo explica que él es Ingeniero Industrial recibido de la Universidad Nacional de Córdoba que comenzó a trabajar en clubes de ciencias con una prueba piloto que se lanzó desde el Ministerio de Ciencia y Tecnología, “al principio éramos 10 clubes en toda la provincia”, cuenta y agrega que al planear la propuesta a Sayana le dieron el visto bueno y el apoyo y que la propuesta se lanzó enfocada a chicos y chicas de entre 8 y 14 años. “Los temas van orientados a lo que piden los chicos y chicas, se investiga tecnología ciencia, son ellos y ellas los y las que traen temas, los desarrollamos y tenemos la biblioteca de Sayana a disposición en donde consultamos fuentes de información, todo tiene un carácter muy lúdico. Los y las integrantes del club son muy curiosos y curiosas, a través del juego se busca explicar algún fenómeno físico. Por ejemplo, para explicar movimientos, hicimos una mano robótica de cartón usando hilos, cartón, elásticos y simulamos movimientos. Aplicamos conceptos de física y de anatomía, se integran muchos conocimientos incluso también aprendo yo, es un idea y vuelta”.

¿Qué importancia tiene el pensamiento científico de un niño en la vida de adulto?

“Desde los clubes de ciencias se lanzan disparadores para generar movimiento en la mente critica. Se inculca la metodológica aplicada que usa un científico que es la que usamos en la vida cotidiana cuando hay un problema que resolver. Este pensamiento permite visualizar la metodología, las herramientas disponibles y elegir entre cuál o cuáles creemos más adecuadas y también saber que si no funciona, hay que probar con otra metodología. Es una cuestión que se repite a lo largo de la vida. Los clubes de ciencias abren un abanico de posibilidades en la edad temprana que es justo el momento en el que tenemos los canales abiertos para poder absorber de cada área ciencias o tecnología todo lo que nos guste experimentar”.

Estos integrantes del club de ciencias mañana podrían estar lanzando un nuevo satélite…

“Efectivamente, son curiosos y curiosas y mañana podrían estar al frente del lanzamiento de un satélite. Sin ir más lejos, el jefe del operativo del SAOCOM es un hombre que salió de un Club de Ciencias, es uno de los más grandes del equipo que de chico asistió a un club”.

¿Qué importancia tienen las políticas gubernamentales para estos espacios?

“El avance de la ciencia va de la mano con la intencionalidad del gobierno. No es casual que en la gestión anterior y con esto no pretendo entrar en una discusión política, pero en la gestión anterior al Ministerio se lo bajó a categoría de Secretaría y esta gestión volvió a brindarle la importancia de un Ministerio, y no sólo categorizándolo sino invirtiendo en el conocimiento ahí. Eso es algo que también se debate dentro de los clubes de ciencias…sobre todo con los chicos y chicas más grandes, se indaga sobre por qué una persona llega a estar en situación de calle. Abordamos variables y pensamos ¿qué podemos hacer? Los disparadores son: darle un trabajo, ayudarle con la herramienta para que genere su propio conocimiento y que vuelva a dignificarse a través de él. Eso hace que de grandes tengamos pensamientos críticos, constructivos, que podamos dar opiniones, defenderlas, aceptar las de los demás y enriquecerse en ese diálogo”.

Fotografías: Gentileza Sayana

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